sábado, 14 de marzo de 2020

Palabra Viva III Domingo de Cuaresma. Pastores Misioneros



“Se ruega a los sacerdotes estén más disponibles para atender la demanda de los fieles que así lo requieran en sus domicilios, cuando estos no salen de casa”. Llama la atención esta indicación que el Obispo de Córdoba da en el comunicado oficial para hacer frente a la inusual situación que vivimos. Pide a los sacerdotes que arriesguen su salud si fuera necesario en la atención a los que viven en soledad y más necesitados que nadie de la gracia. Indicación controvertida y necesitada de medios prudenciales, sin duda, pero que sirve bien para destacar la misión extraordinaria que todo sacerdote está llamado a desarrollar.

Quizá sea algo de esto lo que pueda explicar la carencia de jóvenes que se ofrecen para dedicar su vida al ministerio apostólico. Cuando la jerarquía de valores se invierte, es lógico que sean pocos los que se atrevan a remar a contracorriente. En ambientes donde Dios y la vida eterna eran lo primero, con facilidad se sentían atraídos los jóvenes a un modelo de vida tan estimado socialmente. Hoy no es así. Incluso dentro de la formación o propuesta vocacional se incide más en que el sacerdote es una especie de “SuperVoluntario”, con apelaciones a la heroicidad, al prestigio social humanitario, etc... Pero eso no produce frutos, por la sencilla razón de que eso no es lo esencial de la vida sacerdotal y tampoco es aliciente suficiente para el estilo de vida que conlleva el sacerdocio: la inseguridad existencial de apostarlo todo por el “Reino de Dios”. Lo que Jesús llamaba la misión de “salvar la vida o el alma” de los hombres.



Por eso, los tiempos de gracia en los que el Espíritu nos ha hecho entrar –porque cada día nuestras calles se parecen más a ese desierto al que Jesús fue llevado- , es ocasión o tiempo propicio para que se destaque la figura del sacerdote: hermano, amigo, consejero, padre, médico, juez y, sobre todo, como dice el lema de este año: PASTOR. Pastor que lejos de abandonar a sus ovejas cuando más desorientadas se hallan, hace resonar la melodía del Evangelio y disipa miedos, siembra esperanzas y abre senderos creativos de actuación, cuando nos sentimos “caminando por cañadas oscuras”.

Gran misión la de nuestros pastores y gran ocasión para que su palabra resuene con fuerza y autoridad. Pastores con misión. Esa misión que la sociedad pretende negarle y considerarle un retal de tiempos antiguos, una pieza museística de otras épocas, encerrado en su papel de mero mantenedor de tradiciones apenas ya sin sentido ni eficacia real.

¡Buenos tiempos para la fe y la caridad! ¡Buenos tiempos para refrendar nuestro apoyo a la institución diocesana del Seminario donde se forman nuestros “pastores misioneros”! ¡Buenos tiempos para volver a animar a los jóvenes a entregarse del todo en un oficio que nunca pasará de moda...hasta que Jesucristo no lo haga!. Aquel que dijo: “El cielo y la tierra pasarán, pero mis palabras no pasarán”. Que San José nos ayude y que cada padre de la tierra, encuentre en el sacerdote también el modelo de una paternidad cumplida, para remontarnos hasta el único Padre, Creador y Señor de cielo y tierra (Mt 11,325). Él es quien dirige y gobierna nuestro mundo y por eso no perdemos la esperanza nunca.

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